Una pieza que parece surgir desde el agua. Este jarrón de barro pintado a mano, con su silueta de cuello largo, está recorrido por peces que nadan sobre la superficie como un pequeño universo en movimiento.
Cada trazo aporta ritmo y profundidad, mientras la forma alargada estiliza la pieza y le da una presencia elegante y orgánica. La pintura artesanal convierte el barro en un lienzo vivo, lleno de color, detalle y narrativa.
Es un objeto que transforma el espacio desde la imaginación y la memoria.
Cada jarrón es único, con variaciones que celebran la mano que lo creó y el carácter irrepetible del proceso artesanal.
Ideal para espacios que buscan altura, color y una pieza con espíritu lúdico y contemplativo.