Una pieza que equilibra energía y frescura en un solo destello. Este candelabro de barro vidriado combina tonos naranja y verde en una composición vibrante que llena el espacio de color y calidez.
El brillo del esmalte resalta cada curva y relieve, mientras la luz de la vela crea reflejos suaves que transforman su superficie a lo largo del día y la noche. Es un objeto pequeño en escala, pero lleno de presencia.
Entre lo artesanal y lo lúdico, aporta un acento inesperado que ilumina más allá de la llama.
Cada pieza es única, con variaciones en el vidriado que celebran la mano y el proceso detrás de su creación.
Ideal para mesas, repisas o rincones que buscan color, textura y una atmósfera acogedora.