Una pieza que canta en silencio. Esta jarra de vidrio soplado, inspirada en la silueta de un gallo, combina gesto y tradición en una forma que se siente tan lúdica como elegante.
El tono morado aporta profundidad y misterio, mientras la luz atraviesa el vidrio revelando matices y reflejos que cambian con el entorno. Su figura, inesperada y expresiva, transforma lo cotidiano en una experiencia visual.
Es una pieza que sirve, pero también habita: un acento que despierta conversación.
Cada jarra es única, con ligeras variaciones que celebran el soplo, el tiempo y la mano que la creó.
Ideal para mesas que buscan carácter, color y un toque de imaginación.